Para el bartender, el primer movimiento no es el shake

Por Raúl Torrecilla, Brand ambassador Tequilas Brown Forman México

Hay noches en las que alguien se sienta frente a ti y no sabe qué pedir, pero sí sabe cómo se siente. Otras veces pasa al revés. Desde el inicio entendí que esto no iba solo de servir tragos, había algo en ese intercambio, en esa escena compartida, que me hacía quedarme. Mi trabajo como bartender nunca empezó cuando tomé la coctelera, sino antes, en esa lectura silenciosa que ocurre apenas alguien se acomoda.

Durante algún tiempo pensé, como muchos, que este mundo iba sobre recetas, técnicas o tendencias. Las horas de barra me han dejado claro que, aunque importan, no son lo esencial porque construir tragos va de las personas, leer gestos, silencios y formas de hablar, y de dejarte sorprender por lo que aprendes de ellas cada noche. De saber cuándo alguien busca conversación y cuándo solo necesita un buen trago y que lo dejen en paz, definitivamente hay noches en las que estar atento vale más que cualquier recurso aprendido.

Entre lo clásico y lo inesperado: el ritmo natural de la coctelería para el bartender

A partir de esa experiencia empiezas a notar cómo se mueve la coctelería en general y a entender que este trabajo también es cíclico, lo clásico regresa, se reinterpreta y evoluciona con nuevas técnicas y presentaciones. Hoy hay un interés claro por volver a las bases, pero también por explorar combinaciones inesperadas. Esa tensión entre lo nuevo y lo tradicional es algo que disfruto mucho, cuando algo complejo se siente natural y un sabor que parecía imposible termina funcionando.

Con el paso del tiempo también me ha tocado trabajar con destilados que cargan décadas de historia, como los de Brown-Forman. Marcas como Tequila Herradura o Woodford Reserve te enseñan que detrás de cada bebida hay tiempo, paciencia y una idea muy clara de experiencia. Esa forma de hacer las cosas termina influyendo en tu manera de trabajar y en la relación que construyes con quien se sienta frente a ti.

Desde ahí cambia la manera de decidir. Para mí, menos es más, porque se trata de elegir mejor y dejar que cada elemento tenga una razón de ser y de estar ahí. Cuando haces eso, del otro lado también cambia la experiencia, desde el primer sorbo la atmósfera puede transformarse e invitar a quedarse, a disfrutar y a preguntar qué se está bebiendo, cómo se hizo y por qué funciona así. Todo empieza a hacer sinergia, porque ya no se trata solo de consumir, sino de elegir con más conciencia.

Elegir mejor para que todo haga sentido

Ser bartender te va enseñando a escuchar de otra manera, sobre todo a no interrumpir ni imponer, sino a acompañar sin convertirte en protagonista, a saber cuándo guiar, cuándo sugerir y cuándo simplemente estar. Esa forma de estar también repercute en cómo te relacionas con otros colegas, dejas de pensar en demostrar y empiezas a pensar en resolver, en ajustar una receta o evitar un error que ya te pasó. Compartir lo que ya viviste se vuelve natural, porque, como en un buen trago, lo importante no es cada parte por separado, sino cómo conviven.

Y no es un camino idealizado, honestamente, hay cansancio, noches largas y momentos en los que la recompensa no es económica. Hace falta resiliencia y paciencia para sostenerlo en el tiempo. Al final, este trabajo también es un ejercicio constante de responsabilidad y oficio, de hacer bien lo que toca incluso cuando nadie lo está mirando.

Lo que más se disfruta, al final, es convivir con la gente. Estar ahí cuando alguien celebra, cuando alguien piensa o cuando alguien solo quiere compañía. Detrás de cada bebida hay alguien que escuchó, interpretó y decidió servir algo más que un trago, incluso en silencio.

Te invitamos a compartir tu antojo con nosotros, tómale fotos a esos platillos que te hicieron caer en el pecado y muéstralos en nuestra cuenta de X , en TikTok o en instagram @lagulamexico.

Bebidas y Coctelería, Columnas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *