Por Juan Carlos Ramírez, Director de Ventas Brown-Forman México
Hay algo que me maravilla del consumidor mexicano: La curiosidad. Esa apertura para explorar, reinterpretar sabores y dejar que una bebida cuente algo más que su perfil aromático. En un país donde cada reunión tiene un sentido y cada brindis guarda una intención, el gusto evoluciona a un ritmo vibrante. Y quienes estamos en esta industria lo vemos todos los días.
En los últimos años ha surgido una búsqueda muy clara. Las personas quieren bebidas que combinen la herencia que conocen con algo que las sorprenda. Lo interesante es que no se trata solo de innovación por sí misma. Es una manera de reconectar con lo que somos mientras descubrimos nuevas posibilidades.
Los tequilas cristalinos una categoría que gusta más cada día
Ahí se entiende la popularidad que han tomado los tequilas cristalinos. Al principio generaban preguntas. Ahora son una elección común para quienes desean suavidad sin perder la esencia del agave. Herradura Cristal se mueve justo en ese punto donde la tradición se encuentra con una sensación más ligera y elegante. Es un tequila que conserva carácter, pero invita a un tipo diferente de disfrute.
En otro terreno está el universo de los RTD. Aquí el juego es distinto porque la emoción entra por el sabor inmediato. New Mix Pikosito Tamarindo es un buen ejemplo. Toca una fibra muy mexicana, esa combinación de lo dulce y lo picosito que nos acompaña a los mexicanos, y la convierte en una experiencia lista para compartir sin mayor complicación.
Mientras estas tendencias crecen, también ocurre algo que ya no puede considerarse moda. La premiumización se ha vuelto una manera de entender la bebida como algo más profundo. Quien consume quiere calidad, sí, pero también contexto. Quiere conocer las historias detrás, los procesos, las manos involucradas. Quiere vivir el producto, no solo probarlo.
El consumidor está en busca de experiencias significativas
En este camino de evolución también es evidente que el consumidor mexicano está desarrollando una relación más consciente con lo que disfruta. Ya no se trata únicamente de elegir una bebida que “guste”, sino de comprender qué la hace única y cómo forma parte de un estilo de vida más amplio. Esa mirada más informada ha impulsado a bares, restaurantes y tiendas especializadas a elevar su propuesta. Y cuando toda la cadena se mueve en esa dirección, la conversación alrededor de cada destilado se vuelve mucho más amplia.
Por eso experiencias como The Crafting Room, en Palacio de Hierro Polanco, resultan tan significativas. No fue una activación más. Fue un espacio donde las personas pudieron detenerse a conocer las expresiones, comprender sus orígenes y apreciar detalles que normalmente pasan desapercibidos. Ver a los visitantes probar algo nuevo, hacer preguntas o sorprenderse con una nota que nunca habían identificado demuestra cuánto ha madurado el paladar de los consumidores.
Desde mi lugar en la industria, esta evolución es una invitación permanente a afinar el oído y el paladar. No para seguir una moda pasajera, sino para comprender qué mueve a las personas cuando eligen lo que van a disfrutar. Qué buscan recordar, qué desean descubrir, qué los emociona.
El consumidor mexicano está explorando más, comparando más y exigiendo más. Esa evolución abre un escenario en el que la calidad, la creatividad y la autenticidad se vuelven indispensables. Para quienes estamos en esta industria, el reto es estar a la altura de esa expectativa y ofrecer propuestas que respondan a un paladar cada vez más informado. Lo que viene es una etapa llena de oportunidades para seguir construyendo experiencias con sentido.
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