Ciudad de México.- La Ciudad de México resguarda barrios que son auténticas cápsulas del tiempo, y la colonia Narvarte es, sin duda, una de las más fascinantes. Caminar por sus calles con nombres de estados de la República es cruzarse de frente con la nostalgia de mediados del siglo XX, una arquitectura que rompió moldes y una evolución gastronómica que la ha consolidado como uno de los epicentros culinarios más vibrantes de la capital.
A continuación, recorremos los orígenes, los personajes y los secretos que hacen de la Narvarte un lugar con una identidad inigualable.
El nacimiento de un icono moderno en la CDMX
Lo que hoy conocemos como una de las zonas más céntricas y deseadas de la ciudad, a finales del siglo XIX eran los terrenos de la Hacienda de Narvarte, flanqueada por el río de la Piedad. No fue sino hasta la década de los años 40 y 50 cuando comenzó su urbanización formal, planeada para albergar a una creciente clase media profesional.
A diferencia de la vecina colonia Roma o la Juárez, de tintes más porfirianos y europeos, la Narvarte nació bajo el cobijo del modernismo y el funcionalismo. Sus calles amplias, camellones arbolados con imponentes palmeras y un trazo reticular la convirtieron rápidamente en el hogar ideal para artistas, intelectuales y familias que buscaban una nueva forma de habitar la metrópoli.
Construcciones emblemáticas y el espíritu arquitectónico
Si algo define el paisaje urbano de la Narvarte son sus edificios de departamentos con fachadas de piedra volcánica, balcones de herrería geométrica y los icónicos mosaicos de estilo abstracto. Sin embargo, hay un coloso que corona la identidad de la zona: el Centro SCOP.
Construido en la década de los 50 para albergar a la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, este complejo se convirtió en una joya artística gracias a los murales de creadores de la talla de Juan O’Gorman y José Chávez Morado. A pesar de los embates de los sismos, los murales que visten sus paredes siguen siendo un testimonio vivo del nacionalismo revolucionario y del esplendor del diseño mexicano.
A la par de estos grandes complejos, la colonia vio crecer templos de la vida cotidiana, como la Parroquia de la Medalla Milagrosa, una obra cumbre de la arquitectura religiosa moderna diseñada por el célebre arquitecto Félix Candela, famosa por sus espectaculares estructuras parabólicas de concreto armado.
Personajes y vida comunitaria: El refugio de las mentes creativas
A lo largo de los años, la Narvarte ha sido el refugio y hogar de grandes personajes de la vida cultural de México. Desde escritores e intelectuales hasta periodistas de renombre han caminado por sus aceras. Figuras de la talla de Ernesto “El Che” Guevara tuvieron estancias discretas en departamentos de la zona antes de partir hacia la Revolución Cubana, sumando una mística histórica a sus calles.
Ese ambiente de barrio, donde los vecinos se conocen y las caminatas vespertinas son ley, propició que la colonia desarrollara una vida comunitaria sumamente rica, donde el comercio local y los puntos de encuentro siempre han jugado un papel fundamental.
El sazón del Pacífico: Aquí nació el fenómeno de “Mi Gusto Es”
La evolución de la Narvarte no se detuvo en su arquitectura; su escena culinaria comenzó a transformarse, atrayendo propuestas que buscaban un público auténtico, exigente y amante del buen comer. Fue en este escenario de tradición y apertura gastronómica donde ocurrió un hito para los amantes de los sabores del mar.
En las entrañas de la colonia Narvarte nació la primera sucursal de Mi Gusto Es, el emblemático restaurante que revolucionó la forma de comer mariscos en la Ciudad de México con su inconfundible estilo Sinaloa y Sonora.
Lo que comenzó como un proyecto apasionado en una de las tranquilas calles de este barrio, pronto se convirtió en un imán para quienes buscaban la frescura absoluta del Pacífico, el picor exacto del aguachile, los tacos de camarón y el ambiente festivo del norte del país. La Narvarte fue el suelo fértil que vio florecer este concepto, demostrando que su comunidad sabe apreciar la autenticidad y las propuestas hechas con el corazón (y mucho sabor).
La Narvarte hoy: Tradición que se renueva
Hoy en día, la colonia Narvarte goza de un segundo aire. Es un punto de equilibrio perfecto donde conviven las taquerías de culto de toda la vida, los edificios de conservación patrimonial y las nuevas olas de cafeterías de especialidad y propuestas culinarias de vanguardia.
Es un barrio que no pierde su esencia residencial y nostálgica, pero que se mantiene en constante movimiento, recordándonos que la historia de la Ciudad de México también se escribe —y se disfruta— a través de sus calles, sus edificios y sus icónicas mesas.
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